Valencia · 1964
Hoy, esa niña viste a mujeres en medio mundo.
Se llama Pepa. Y esta es su historia.
Con doce años, después de la escuela, iba a una fábrica de mi pueblo, en Valencia. Cosían ropa y cunas para bebés. No fue una vocación romántica ni una decisión valiente. Era 1964, era una España donde las niñas de doce años, simplemente, ayudaban a sus familias económicamente.
Y ahí dentro, en dos años, me volví loca.
Loca por las telas. Por cómo crujía el algodón nuevo cuando lo desplegabas en la mesa. Loca por las costuras, por la geometría imposible de un patrón, por el momento exacto en que dos piezas planas se convertían en una manga, en un cuello, en algo que iba a vestir a un recién nacido.
Las otras chicas contaban las horas para irse a casa. Yo me quedaba mirando. Preguntando. Tocando. Robando con los ojos cada gesto de las costureras mayores.


Cuando cumplí catorce, ya no era la misma niña que había entrado en aquella fábrica. Había encontrado, sin buscarlo, lo único que iba a hacer durante los siguientes sesenta años de mi vida.
Empecé a dibujar mis propios diseños. Por las noches, cosía en casa mi propia ropa. Toda la ropa que yo vestía me la hacía yo misma.
Porque en los sesenta, en mi pueblo, una niña no decidía nada. Las niñas se preparaban para casarse. Las niñas no se dedicaban a la moda, ni opinaban sobre telas, ni sobre cortes.
Tardé veintisiete años
en atreverme a abrir
mi propia tienda.
Una mujer, dueña de su propio negocio, en un pueblo de Valencia, en 1993. Tampoco eso era normal. Pero el día que inauguramos, el pueblo entero se paró. Fue una fiesta. Mis clientas, algunas me conocían desde niña, entraron como si entraran en su casa.
Desde el primer día decidí que esto no iba a ser una tienda más: iba a ser un lugar donde cada mujer se sintiera libre de elegir lo que le diera la gana.

La tienda no paraba de crecer.
Y un día entendí que aquello ya no era solo una tienda.
Nació 
Antes de que existieran las tiendas online
Cuando llegaron los ordenadores, fuimos de las primeras. Nadie tenía página web todavía, las tiendas online no existían. Nosotros publicábamos en una página web fotos de nuestra colección, las clientas llamaban por teléfono, y vendíamos así.
Sin manuales. Sin mapa. Sin nadie a quien copiar.
Me decían que estaba loca. Como siempre.
Vestimos a mujeres en España, en toda Europa, en Estados Unidos. Mujeres jóvenes, libres, frescas, alegres. Mujeres que, como aquella niña de doce años en una fábrica de Valencia, no aceptan que nadie les diga hasta dónde pueden llegar.
Cada prenda de Q2 lleva dentro sesenta años de rebeldía. La rebeldía de una mujer que eligió su propio camino cuando nadie se lo permitía. La misma rebeldía que tú llevas puesta cada vez que decides ser tú misma.
nació de una mujer
que dijo yo puedo.
Y cada día, cada prenda que creamos
lleva dentro exactamente esas mismas palabras.
Pepa
Moda con alma rebelde desde 1964.
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